El énfasis que siempre la Palabra de Dios presenta respecto a la influencia de los principios bíblicos en la vida del hombre y la mujer, está dado no sólo en “saber” lo que la Biblia dice, sino más bien en “hacer” lo que ella me declara.
En el libro de Jueces el capítulo 1:7, leemos: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”.
¿Te fijaste?, Dice: “hacer”.
Conocer la Palabra de Dios pero no saber cómo aplicarla, es inútil. Es igual que conocer cuál es el remedio necesario para tu enfermedad, aún comprarlo, pero tenerlo guardado en un cajón sin tomarlo. Todo sigue igual, la enfermedad avanza hasta que no asimilas lo que necesitas.
En los libros anteriores a Josué, Dios le dice a su pueblo Israel, lo que debe y no debe hacer, pero aquí, en Josué Dios les comienza a decir que es hora de ponerlo en práctica, que apliquen lo que saben.
Creo que hay dos clases de personas, los que saben lo que tienen que hacer y los que lo hacen. Los que saben lo que Dios espera de ellos y los que viven agradando a Dios con sus conductas.
En Efesios 4: 1, leemos: “Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”. La palabra: “dignos”, en el idioma original en que fue escrita este pasaje, el griego, es “axios” de donde se deriva nuestra palabra castellana: “axial”, que denota la idea de algo equilibrado, que está en su punto medio.
Es aquí, entonces, donde debemos comenzar a equilibrar nuestro credo con nuestra conducta, a practicar lo que predicamos, a vivir vidas congruentes y esquivar toda dicotomía hipócrita que no conduce a nada, más que una vida de apariencias y esterilidad espiritual.
Recuerda que la sabiduría es el conocimiento aplicado y que Dios promete estar a tu lado para hacerte sabio, que es mucho más que ser inteligente.
En el libro de Jueces el capítulo 1:7, leemos: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”.
¿Te fijaste?, Dice: “hacer”.
Conocer la Palabra de Dios pero no saber cómo aplicarla, es inútil. Es igual que conocer cuál es el remedio necesario para tu enfermedad, aún comprarlo, pero tenerlo guardado en un cajón sin tomarlo. Todo sigue igual, la enfermedad avanza hasta que no asimilas lo que necesitas.
En los libros anteriores a Josué, Dios le dice a su pueblo Israel, lo que debe y no debe hacer, pero aquí, en Josué Dios les comienza a decir que es hora de ponerlo en práctica, que apliquen lo que saben.
Creo que hay dos clases de personas, los que saben lo que tienen que hacer y los que lo hacen. Los que saben lo que Dios espera de ellos y los que viven agradando a Dios con sus conductas.
En Efesios 4: 1, leemos: “Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”. La palabra: “dignos”, en el idioma original en que fue escrita este pasaje, el griego, es “axios” de donde se deriva nuestra palabra castellana: “axial”, que denota la idea de algo equilibrado, que está en su punto medio.
Es aquí, entonces, donde debemos comenzar a equilibrar nuestro credo con nuestra conducta, a practicar lo que predicamos, a vivir vidas congruentes y esquivar toda dicotomía hipócrita que no conduce a nada, más que una vida de apariencias y esterilidad espiritual.
Recuerda que la sabiduría es el conocimiento aplicado y que Dios promete estar a tu lado para hacerte sabio, que es mucho más que ser inteligente.

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